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Casa Manuel en Formentera

¡Buenos días! Hoy os traigo una entrada para los que os gusta soñar, como a mí, con todo tipo de escapadas de verano. ¡Esta casa me parece el paraíso!

La buena noticia es que se puede alquilar como uso vacacional, la mala es que está en Formentera y desgraciadamente para mí no entra en mis planes, al menos a corto plazo, viajar a la isla. :(

Se llama Casa Manuel Formentera y se encuentra enclavada en pleno campo, en un rincón tranquilo, a un km de la Playa de Cala Saona y a cinco minutos de Sant Fransesc.

Tanto el exterior, como el interior, están diseñados al milímetro para convertirla en una vivienda súper confortable y funcional. La decoración mediterránea está presente en cada rincón, llenando todo de detalles especiales, sin renunciar a la sencillez y a la frescura que requieren este tipo de casas vacacionales.

La casa es una de las típicas de la isla, de estilo payés, y cuenta con una finca de 15.000 metros cuadrados. Está completamente rodeada de porches que permiten encontrar en cada momento del día el lugar ideal de sol o de sombra.

En los interiores predomina la madera y los muebles de aspecto rural, combinados con objetos decorativos, vajillas y cristalerías de marcado carácter antiguo, que le aporta mucho encanto y personalidad.

Los textiles son otro punto fuerte en esta decoración. Colores tierra y pastel para dar los toques de protagonismo aquí y allá, siempre en constante diálogo con la frondosa vegetación que cubre toda la casa. ¿Qué me decís de las buganvillas?

¡Amigos que me estáis leyendo! ¿Cuando decís entonces que nos vamos? :D

Imágenes © Casa Manuel Formentera.

Cuando la vivienda se diseña para ser compartida

Esta es la historia de dos matrimonios: Karina Inzunza + Graham Barker y Melana Janzen + John McMinn. Los dos últimos, que son arquitectos, decidieron construirse su propia casa de vacaciones en Georgian Bay, Canadá. Hasta aquí la historia es normal, lo que la hace diferente es que decidieron que esta vivienda sería compartida con el primer matrimonio que os mencionaba, para poder disfrutar más tiempo de su amistad y para compartir gastos en la construcción y mantenimiento de la vivienda.

Como peticiones especiales, a parte de las zonas comunes y los dormitorios principales, la vivienda debía tener una habitación para los dos niños de  McMinn y Janzen y una oficina y una sala de música para el matrimonio Barker y Inzunza. Para lograrlo, estuvieron pensando cómo distribuir el espacio de manera colectiva ya que los reglamentos del terreno les limitaban a construir una única casa, descartando así la opción de hacer dos cabañas independientes.

El resultado al que llegaron es una vivienda que en realidad son dos. Un enorme cobertizo de madera que engloba dos estructuras separadas, completamente aisladas la una de la otra. Sólo están conectadas de forma subterránea, por el sótano, donde están las salas de máquinas, los calentadores de agua y el registro del sistema eléctrico. Además, la vivienda cuenta con paneles solares en el techo.

Así, cada pareja tiene una casa de 15×30 metros con vistas al exterior. El gasto y el mantenimiento, así como los espacios al aire libre son comunes.

“The mostly symmetrical layout of the compound, McMinn says, precludes a sense of territoriality. “The two houses and cabins have a kind of equality,” he says. That’s distinct from the typical family compound in this region and elsewhere, where small cabins usually orbit a main house. “There’s always a question,” McMinn says: “Are we going to have dinner on their side or on our side?”

Images: Lorne Bridgman