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Banksy se reinventa

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Bajo el seudónimo de Banksy se esconde uno de los mejores y más conocidos artistas del street art. Sus graffitis revolucionarios y reivindicativos han dado la vuelta al mundo y han sido publicados y copiados cientos de veces.

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Ya en el 2009 le dediqué una pequeña entrada, porque siempre he seguido su trabajo muy de cerca. Pero es que esta semana he visto dos de sus nuevas intervenciones, alejadas del mundo del graffiti, que me han dejado con la boca abierta.

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La primera se llama “Sirens of the lambs” y consiste en una furgoneta de reparto, de las que se usan en los mataderos, que va a estar dos semanas circulando, primero por el distrito de la carne (meatpacking district) y luego por el resto de la ciudad de Nueva York.

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El camión está ocupado por 60 animales de peluche que no paran de llorar y gritar…

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Una intervención que le sirve al artista para quejarse de la brutalidad y la crueldad de mucha de nuestra industria alimentaria y a la vez también reflexiona sobre la pérdida de la inocencia.

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En el vídeo se ven las reacciones de la gente, son geniales…

Y la otra intervención es todavía más impactante y hace que reflexionemos sobre el mercado del arte, y sobre las marcas y firmas en general. Este pasado 13 de octubre, el mismo Bansky se sentó en Central Park y ofreció, de incógnito, sus graffitis por 60 dólares. Sus obras suelen ser subastadas por miles de euros pero como la gente no le reconoció tan solo logró recaudar 420 dólares en todo el día.

Vía: Bansky NY. Images © Bansky.

RedBall Project

Buenos días! Parece que ha llegado de nuevo la lluvia a la ciudad, pero bueno, es viernes, así que no nos vamos a quejar! Para empezar el día, os traigo un proyecto impactante. Es una instalación artística urbana que está dando muchísimo de qué hablar, porque está dando la vuelta al mundo.

Todo comienza con una gigantesca bola hinchable de vinilo, de casi cuatro metros de altura y de un color rojo intenso. Esta bola aparece de repente una mañana en tu ciudad, incrustada entre edificios, en el arco de algún puente, en el centro de un parque… La gente no sólo puede quedarse impactada con la ocurrencia, sino que también puede lanzarse contra ella, tocarla, usarla como saco de boxeo o simplemente apoyarse contra su superficie. Esto es exactamente RedBall Project.

Detrás de todo esto está el artista, nacido en Chicago, Kurt Perschke. Con esta instalación está recorriéndose el planeta: Barcelona, Sydney, Taipei, Abu Dabi , Nueva York, Chicago o Toronto son algunas de las ciudades que ya han acogido esta iniciativa. ¿La siguiente parada? El Reino Unido, formando parte de los actos y eventos que tendrán lugar antes de los Juegos Olímpicos de Londres.

Kurt Perschke ha realizado esculturas, vídeos y collage, tiende a trabajar en espacios públicos porque le gusta que la gente interactúe con su obra mientras que la obra en si interactúa con el entorno.

“Through the RedBall Project I utilize my opportunity as an artist to be a catalyst for new encounters within the everyday. Through the magnetic, playful, and charismatic nature of the RedBall the work is able to access the imagination embedded in all of us. On the surface, the experience seems to be about the ball itself as an object, but the true power of the project is what it can create for those who experience it. It opens a doorway to imagine what if? As RedBall travels around the world people approach me on the street with excited suggestions about where to put it in their city. In that moment the person is not a spectator but a participant in the act of imagination. I have witnessed it across continents, diverse age spans, cultures, and languages, always issuing an invitation. That invitation to engage, to collectively imagine, is the true essence of the RedBall Project. The larger arc of the project is how each city responds to that invitation and, over time, what the developing story reveals about our individual and cultural imagination.” – Kurt Perschke.

Little People Project by Slinkachu

Slinkachu creó en el 2006 el proyecto Little People Project. Consiste en el modelado de personajes en miniatura que coloca en la calle, creando pequeñas escenas.

Es un proyecto que combina instalaciones de arte urbano con la fotografía. La idea de Slinkachu es jugar con la sorpresa y tiene como objetivo que las ciudades  y sus habitantes sean más conscientes de su entorno. También pretende transmitir, a través de estas pequeñas escenas, la soledad y la melancolía de vivir en una gran ciudad, todo ello tratado con mucho humor e ironía.

(Pinchad sobre las imágenes para verlas en grande.)

Vía: Visual-Ane

De arte urbano y marquesinas robadas

Se habla mucho del término street art o arte urbano. Un concepto que suele estar no exento de polémica. ¿Dónde está la frontera entre arte y apropiación indebida?, ¿Entre arte y vandalismo?, ¿Entre arte y protesta? Según una definición que he podido leer, se define al street art como arte expresado en la calle, normalmente de manera ilegal. Entonces…. ¿Esto es arte?

También he podido leer esto: “El arte callejero, al integrar sus elementos en lugares públicos bastante transitados, pretende sorprender a los espectadores. Suele tener un llamativo mensaje subversivo que critica a la sociedad con ironía e invita a la lucha social, la crítica política o, simplemente, a la reflexión.” Entonces…. ¿Esto es arte?

Os explico. En la madrugada del martes al miércoles, un grupo nada desdeñable de personas, dirigidas por Jordan Seiler, eliminaron de forma clandestina más de cien carteles publicitarios, de esos que colocan en las marquesinas. En su lugar, colocaron mensajes que previamente habían recopilado vía e-mail de diferentes seguidores del movimiento (reconocidos artistas internacionales, abogados, amas de casa o profesores) . Cuando terminaron, se dispersaron y se dirigieron a continuar con su vida, a fichar en las oficinas, a preparar los desayunos a la familia, etc.

Uno abría los soportes mientras otro retiraba los anuncios y un tercero colocaba los mensajes de texto, todo sin romper cristales ni forzar cerraduras ya que habían hecho copias de la llave original fundiendo metal sobre moldes de silicona. Todo muy limpio. No del todo legal, pero limpio.

Ellos pretendieron “cambiar las expectativas de comportamiento público en espacios compartidos”. Lo cierto es que en pocas horas, alguien ya se había encargado de volver a sustituir estos geniales carteles por los anuncios de siempre: Mahou con sus cinco estrellas y Coca-Cola repartiendo supuesta felicidad. Y ahora… juzgad vosotros qué os parece. ¿Esto es arte?